Viva Perón
Resumen
Sepultamos a Jesús en la estación número catorce del Vía Crucis, en la esquina de Olavarria y Chilavert, y retomamos la marcha. La gente, liderada por el padre Severino y los guitarristas, cantaba Cristo, muerte y resurrección, de Vox Dei. En las manos llevábamos antorchas, botellas de plastico cortadas con velas adentro, y en las cabezas unas gorras que nos habían repartido al principio y que tenían escritas distintas bienaventuranzas. La mía decia: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados".